Tras conocer de primera mano la falta de agua potable en países como Etiopía o Camboya, y sus consecuencias en salud, educación o nutrición, los fundadores de Auara decidieron competir en el mercado con un producto cotidiano y transformar sus beneficios en financiación para infraestructuras hídricas.

El modelo es sencillo: tras cubrir costes y reinvertir una parte en el crecimiento, el beneficio disponible se dedica a construir pozos, sistemas de saneamiento o recogida de lluvia en comunidades vulnerables. “Queríamos competir con un producto real y demostrar que es posible hacer negocio generando impacto social y ambiental positivo”, explica Urbano. En más de diez años, la empresa ha impulsado centenares de proyectos en varios países, llevando agua potable a miles de personas.

En un mercado dominado por grandes multinacionales, Auara apuesta además por envases reciclados y economía circular para mantener la coherencia ambiental. Su propuesta demuestra que el consumo cotidiano puede convertirse en una herramienta de cambio y que las empresas pueden integrar rentabilidad e impacto en un mismo modelo.