Bolsalea nació en 2007 como alternativa al plástico de un solo uso y para ayudar al pequeño comercio a acceder a packaging personalizado sin grandes pedidos. Con el tiempo amplió su oferta a cajas o envoltorios, manteniendo un modelo de producción bajo pedido para evitar excedentes. “Queremos ayudar a las marcas a convertir su packaging en una herramienta que genere impacto positivo”, explica Moya, que defiende que cada compra apoya una forma de producir y de emplear.
Parte de su producción la realizan personas con discapacidad o mujeres con dificultades de inserción laboral, dentro de un modelo que apuesta por fabricar en España, reducir residuos y ofrecer soluciones sostenibles a pequeñas y medianas marcas.
Hoy la empresa busca equilibrar impacto social, ambiental y viabilidad económica en un mercado muy sensible al precio. Para Moya, el reto es demostrar que el embalaje no es solo un coste, sino parte de la identidad de una marca y de su compromiso con la sociedad, impulsando un consumo más consciente y coherente con los valores que se quieren transmitir.

















