Aire Limpio nació en 1999 con la convicción de que la salud en los edificios sería un desafío creciente en las ciudades. Con el tiempo, la empresa se ha ampliado hasta ofrecer soluciones que acompañan la transición energética en oficinas, viviendas, hasta hospitales, colegios y residencias.
“Los edificios no deben limitarse a ofrecer condiciones correctas: deben fomentar la salud de las personas”, defiende Tomás Higuero. “La pandemia marcó un punto de inflexión, consolidando una conciencia social que ha reforzado la necesidad de espacios interiores más seguros, mejor ventilados y más eficientes”, añade.
La mejora de la calidad del aire interior tiene efectos directos y medibles. En hospitales, por ejemplo, un tratamiento adecuado del aire reduce de forma significativa las infecciones nosocomiales; en oficinas, respirar un aire más limpio disminuye la exposición a contaminantes urbanos y los riesgos asociados a afecciones respiratorias, cardiovasculares o alérgicas. Los retos del sector, señala Higuero, pasan por encontrar el equilibrio entre eficiencia energética y salud ambiental, sin sacrificar una por la otra.