Creada en 1998, la asociación Noé nació del reconocimiento de que las sociedades humanas se han alejado progresivamente de la naturaleza. Su ambición ahora es favorecer su coexistencia. « La idea es proteger y restaurar la biodiversidad en relación con el ser humano, sin sacar al ser humano de la ecuación », explica Aurélie Jambon.
Para lograrlo, Noé actúa en los frentes de la agroecología, la renaturalización de los espacios urbanos, la movilización ciudadana y el acompañamiento de los territorios. La asociación desarrolla programas de ciencias participativas para permitir a los ciudadanos conocer mejor la biodiversidad, ya que, para ella, esta reconexión es esencial para entender los desafíos ambientales y actuar a su nivel.
Noé también acompaña a empresas, colectividades y particulares en la implementación de prácticas favorables a la biodiversidad, ya sean urbanismos, jardines o producción agrícola.
A pesar de un contexto a veces preocupante, Aurélie Jambon se mantiene optimista. « Al trabajar a nivel local, la esperanza está realmente ahí. » Según ella, las iniciativas en el terreno ya producen resultados concretos. « La biodiversidad es resiliente cuando se le da espacio », concluye, convencida de que las acciones emprendidas hoy pueden aún invertir la tendencia.











