55+ nació de una inquietud personal: el miedo a lo que le pasaría a su padre, director de escuela durante décadas, cuando se jubilase de un día para otro. Pero también de un hartazgo más amplio. "Casi todas las conversaciones sobre el envejecimiento son negativas. Siempre escuchaba que es un problema, una amenaza, un coste para la sociedad", explica Parras.
Su apuesta es la contraria: las personas que llegan a los 55, 65 o 75 años acumulan competencias que ningún curso enseña (responsabilidad, inteligencia relacional, capacidad de resolver problemas ya vividos) y muchas de ellas no buscan solo ingresos, sino seguir sintiéndose útiles.
La plataforma funciona por dos vías. Por un lado, conecta a estos perfiles con particulares, empresas u organizaciones que necesitan sus servicios. Por otro, colabora con ayuntamientos y entidades sociales para movilizar a sus usuarios hacia necesidades no cubiertas en el territorio, generando lo que Elena llama un modelo de doble impacto.
Una de las barreras más difíciles de derribar, reconoce, es interior: el edadismo interiorizado. "De tantas veces que hemos escuchado 'ya no tienes edad para eso', parece que nosotros mismos nos lo creemos", lamenta.











