Stone Soup nació de la convicción de que el sector de la economía social necesitaba las herramientas del mundo consultor sin renunciar a sus valores. En un momento en el que la palabra "consultora" y la palabra "social" casi no podían ir juntas, sus fundadoras decidieron crear una estructura híbrida: ni ONG ni empresa convencional, sino una empresa social con un acuerdo parasocial que limita la distribución de dividendos y acota la brecha salarial interna.
Hoy, Stone Soup acompaña a organizaciones a construir programas sociales, diseñar estrategias de sostenibilidad financiera y fortalecer su capacidad organizacional, pero su ADN es la medición del impacto. Por eso Robin entiende bien los errores que sigue cometiendo el sector, como confundir actividad con impacto, o, aún más común en los últimos años, el problema inverso: organizaciones que miden con tanto detalle y tanto rigor que ya no saben contar de forma simple lo que hacen ni las lecciones que han aprendido.
“Hay una tendencia a medir mi impacto, lo que hago yo, pero en realidad estamos trabajando en sistemas. Ahora está apareciendo esta noción de impacto colectivo y tenemos que caminar hacia eso, no enfocarnos en nuestro obligo porque no estamos trabajando en silos. Lo que hacemos afecta a otros sectores”, defiende Robin.











