"Cuando se vive en un entorno urbano, muchas de las plantas que se encuentran en el comercio no provienen de circuitos de producción muy virtuosos. Y no son necesariamente las plantas más adecuadas tampoco. Sin contar que no hay mucha variedad en lo que se nos ofrece. Así que, la asociación se creó para producir plantas en la ciudad”, cuenta Eloïse Bloit.
Pépins Production es ante todo un lugar, un invernadero y espacios exteriores, que permite poner en práctica los valores de la asociación que son la participación, la inserción, el encuentro, la colaboración entre personas de diferentes orígenes.
En este lugar, se producen plántulas. Para ello, se necesitan semillas o esquejes de otras plantas, tierra, macetas. “Trabajamos con semilleros artesanales que producen semillas vivas, también llamadas semillas campesinas. También pueden ser semillas que cosechamos en el lugar, o de cultivos antiguos, o a través de la red de jardineros a nuestro alrededor, y con las cuales hacemos esquejes”, explica Eloïse Bloit.
La idea también es ofrecer diversidad a las personas, familiarizarlas con una multitud de plantas, herbáceas, leñosas, pequeños árboles, arbustos, plantas hortícolas, aromáticas, ornamentales, pero también plantas silvestres o locales que favorecen la biodiversidad, la cual está siendo maltratada por la destrucción de los suelos.
Los momentos de producción de plantas están abiertos al público y se realizan con la ayuda de una comunidad de voluntarios que también viene todas las semanas a hacer trasplantes y siembras. En otro vivero, encontramos un equipo que utiliza la jardinería como palanca de inserción. También se organizan actividades en escuelas con estructuras sociales. Las plantas se venden, finalmente, en el lugar, directamente del productor al comprador, sin intermediarios.
“Las plantas en la ciudad no son solo índices de oxígeno, de biodiversidad, hay también algo sensible y creo que todos estamos convencidos de ello. Cuando somos niños, es un poco un impulso primario tocarlas y manipularlas”, precisa Eloïse Bloit. "Y luego, está el placer de sembrar una semilla, de plantar, de ver crecer, observar cómo las plantas se relacionan entre sí, o no, cómo se sienten bien o no. Estamos atentos a otro que es el vegetal, a otros que son muy diferentes de nosotros, los humanos".
"Los viveros son también, básicamente, para las personas que tienen pocas oportunidades de salir de la ciudad, un espacio donde pueden estar en contacto directo con la naturaleza, con lo que aporta a la salud mental, de calma, de desconexión del ritmo urbano y de conexión con sus ritmos naturales”, concluye Eloïse Bloit.











