Es un tercer lugar, un eco-village, un proyecto ciudadano, una vivienda colectiva, es un poco indefinible, porque la intención es precisamente inventar lo que no existe, que quizás nunca ha existido, intentar no encajar en las categorías.
En un antiguo monasterio del siglo XII, adquirido con un colectivo de ciudadanos constituido en cooperativa, el grupo lanzó un proyecto dedicado a la Economía social y solidaria, el hameau de Montrieux.
Se encuentra una empresa social que opera una actividad comercial, compuesta por un hotel, un restaurante y un centro de formación, que organiza seminarios para empresas, bodas y ofrece una oferta socio-cultural y de eventos.
Paralelamente, el colectivo sostiene una asociación que se alimentará de los excedentes de las actividades comerciales, pero también de donaciones y subvenciones, y que propondrá actividades destinadas a aquellos que tienen pocos recursos: vacaciones solidarias, estancias de descanso, de reactivación, residencias de artistas.
“La puerta está abierta para todos y sobre todo cerrada para nadie”, explica David Rivoire. “Intentamos mover las líneas en la visión de lo que es una gobernanza compartida y una inteligencia colectiva, como elementos necesarios de una sociedad que está en buena salud”.











