La Flor Cerval (que significa flor silvestre) trabaja con la lana de la oveja Xalda, raza autóctona asturiana en peligro de extinción. Un recurso que muchos ganaderos se ven obligados a tirar por falta de compradores y que Marina Pérez ha convertido en el centro de un proyecto que abarca todo el proceso: desde criar los animales hasta vender el producto final. Las ilaturas se procesan industrialmente en fábricas españolas, y las chaquetas se confeccionan en un taller en Béjar, apoyando lo poco que queda de estructura textil en el país.
Para Pérez, recuperar ese recurso va más allá del mero aprovechamiento material. "Me gusta esa idea de cómo la materia habla, y más en la vestimenta: habla de paisaje, de cultura. Me parece importante devolver a este mundo un poco de la belleza y de la diversidad perdidas." El proyecto ha aparecido en Vogue España y otras revistas de moda, pero la cofundadora mantiene los pies en el suelo: encuentra más sentido en el mercado local, en las ferias, en el boca a boca.
Sobre cómo se sostiene económicamente una vida así, Pérez asegura: "Solo puedo decir que se sale adelante y que el amor a esta vida endulza muchas dificultades".











