Planeta Dots llega a colegios, pueblos, empresas y comunidades rurales con la ambición de usar la costura como herramienta de reflexión colectiva. "La costura hace visible el valor de las cosas. Vivimos rodeados de ropa, pasamos rápido, consumimos sin pensar, pero no sabemos cuánto rato requiere esa elaboración", explica Roser. En sus talleres coinciden niños de primaria y equipos corporativos, pero el efecto suele ser el mismo: "Nos miramos en la cara y de repente nace el niño y la niña que tenía tiempo de esto, justamente de parar y elaborar."
En 2022 una avería grave dejó la caravana fuera de combate. Lo que parecía una crisis reveló una comunidad más sólida de lo que creían. La respuesta de su red les demostró que Planeta Dots construye algo difícil de medir: "Son impactos que no caben en una hoja de Excel, pero sabemos que son importantes", reconocen.
"Un proyecto necesita valores, estrategia, sostenibilidad económica, capacidad de adaptación. Gran parte de nuestro crecimiento ha llegado gracias a que hemos levantado la mirada de nuestro taller y hemos buscado entre quienes teníamos alrededor para crear alianzas”, dicen las emprendedoras, que recuerdan a aquellos que quieran emprender en economía circular que el propósito no es suficiente.











