Poultree nació en 2019 de una convicción: un modelo que lleva millones de años funcionando en la naturaleza también puede aplicarse a la ganadería. Sus animales se mueven continuamente por el terreno. Los pollos viven en naves con ruedas que cambian de corral cada tres días. El vacuno no tiene naves: cada vaca lleva un collar GPS y García de Castro diseña desde su teléfono móvil las zonas de pradera que las vacas ocuparán cada día. El resultado es un suelo más productivo, animales más sanos y una carne con mayor densidad nutricional.
García de Castro no tenía experiencia ganadera previa, algo que él considera una ventaja. Construyó el modelo económico sobre la venta directa y un ciclo de producción cerrado, con sala de despiece y distribución propias. El año pasado, Poultree alcanzó el punto de equilibrio (break-even). “Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”, cita García de Castro a propósito de quienes apuestan por modelos que el sector considera inviables.
Poultree es también, para su fundador, una prueba de que el mundo rural puede ofrecer una calidad de vida que las ciudades no dan. “Al final el futuro es incierto, pero nosotros tenemos mucho que hacer en él. Si vas poniendo la base, ese futuro a veces te da respuestas”, añade.











