“¡Vamos a casa de Mémé!”, así es como las mujeres que participan en los talleres de Delphine Dubreuil llaman cariñosamente a la asociación poitevine. Una abuela es reconfortante, es envolvente. Marcelle era la abuela paterna de la fundadora, ella misma víctima de violencia de pareja, a quien quiso rendir homenaje.
Aquí no se viene a hacer teatro para interpretar personajes, sino para abrirse, explorarse. “Para distanciarse de uno mismo, observarse, ser espectadora de lo que se hace, de quién se es, y luego ir a buscar en el corazón, no fabricar”, cuenta Delphine Dubreuil.
Los talleres están dirigidos principalmente a mujeres, a todas las mujeres, aquellas que han sufrido o no relaciones de abuso. Pero para estas últimas, se viene a cuestionar este trauma. ¿Qué hago con ello? ¿Cómo avanzo? ¿Cómo me vuelvo a centrar en mí y no en quien me ha hecho sufrir violencia física y psicológica?
Para ello, la actriz pide a las mujeres que escriban textos. “Soy lo que quiero, lo que ya no quiero, ¿qué he elegido de hermoso para mi vida futura? No fabricar, no intentar ser otra cosa que quien uno es, ese es su valor”, explica la fundadora de Mémé Marcelle.
Una herramienta de resiliencia que Delphine Dubreuil, tras una relación de abuso, primero aplicó a sí misma. “Quería usar la herramienta del teatro de otra manera, sentía que tenía otra fuerza”.











