En 2009, Benoit Le Franc imagina un sistema que podría digitalizar el ojo humano. En ese momento, es responsable de una unidad de quimioterapia, cuando ocurre un fallecimiento en el servicio de hospital de día. Las investigaciones posteriores permiten determinar que una alergia es la causa. Sin embargo, el evento provoca preguntas y pánico, lo que hace que el joven farmacéutico de entonces se dé cuenta de que la seguridad que rodea la preparación de las quimioterapias no es suficiente, “que sigue siendo demasiado artesanal”, precisa.
Desarrolla entonces con la universidad de La Rochelle una tecnología que permite reemplazar el ojo humano por una inteligencia artificial, mediante el tratamiento de imágenes por ordenador como se le llamaba en esa época, Eurekam. Si el preparador se equivoca en los volúmenes o en los frascos, el sistema se lo hace notar y puede corregirlo.
De un solo centro en Charente-Maritime en 2012, Eurekam cuenta hoy con 110, convirtiéndose en el principal sistema de control de quimioterapia en Francia y en Europa.
Una herramienta muy rápidamente acogida como un medio para fomentar una cultura positiva del error por parte de los equipos de preparadores, lo que asegura. "Estamos mucho más tranquilos”, explica Benoit Le Franc. “Algunos nos dicen que duermen mejor por la noche. Ya no repasan en su mente el proceso de preparación preguntándose si lo han hecho bien. En resumen, es una verdadera herramienta de calidad de vida en el trabajo, de serenidad, simple y que se integra realmente bien en el trabajo de los preparadores de farmacia, diseñada en torno a sus gestos, que respondía a una verdadera necesidad”.











