En los 5 años que siguen a una salida de prisión, el 65% de los exdetenidos reinciden. Es a partir de este constatación y de una profunda convicción que Gabi Mouesca creó la Ferme de Baudonne, una de las 300 estructuras miembros de Emmaüs a nivel nacional.
Aquí, las mujeres bajo custodia judicial se benefician de un contrato de trabajo de 26 horas a la semana pagado al salario mínimo, están alojadas y reciben un acompañamiento social reforzado. Todas las mañanas, trabajan en los 3 hectáreas de campos y invernaderos para hacer agricultura biológica.
“El hecho de plantar, de acompañar la producción vegetal a crecer, de cosecharla, de venderla o de utilizarla en la cocina”, cuenta Gabi Mouesca, “todo esto despierta sensaciones que estas mujeres apenas han tenido en su vida, o incluso nunca, de hacer algo que, con el tiempo, trae la satisfacción de hacer algo positivo”.
La agricultura se utiliza como una herramienta al servicio de la reinserción, que ayuda a recuperar códigos a veces olvidados por muchos años de prisión o nunca adquiridos. Sirve para la vida colectiva, el trabajo en común, la toma de responsabilidad, la confianza otorgada, lo cual es extremadamente valorante.
Otras soluciones a la encarcelación, que Emmaüs defiende con fervor. “Consideramos que la prisión es un fracaso patente que siempre recae sobre la misma categoría de población, los más pobres, los más precarizados, y al mantener la prisión en el corazón de nuestro sistema social, nos estamos disparando en el pie”, se indigna Gabi Mouesca.
“Nos posicionamos como opositores a esta idea de que la prisión es un mal necesario. Estamos demostrando que se puede sancionar a las personas, sin generar humillación, miedo o violencia. Sabemos qué tipo de terreno es eso. Aquí, respetamos a las personas, las levantamos. Y sé que esta confianza, este respeto hacia estas personas, tarde o temprano, hace germinar algo positivo”.











