La Newyorkina nació en 2016 de un viaje a Nueva York y de una categoría que en España prácticamente no existía. A diferencia de muchas marcas de alimentación que externalizan la producción, sus granolas se fabrican en obradores propios en Oviedo, con un equipo de 36 personas. En un sector donde todo parece ser o indulgencia o gimnasio, Pérez eligió otro camino: un producto sin estridencias, pensado para la gente normal, con una identidad de marca trabajada desde el primer día. "La imagen es lo primero que ve la gente", explica el fundador.
Convencer a los supermercados fue lo más duro: primero hubo que crear demanda a través de hoteles y franquicias, y esperar a que los lineales se abrieran. El mayor reto al escalar no fue el producto sino la tesorería: cuando una empresa crece rápido, la banca raramente sigue el ritmo. Pero Pérez está orgulloso de haber crecido de forma coherente: "No hemos contribuido a polarizar el mundo de la alimentación. Queríamos ser una marca más de verdad, más natural, más de la gente normal."











