"Queríamos responder a una doble problemática: la dificultad de encontrar alojamiento para los jóvenes al llegar a París o a las grandes ciudades, y por otro lado, el aislamiento de los mayores", explica Coline Guénel.
De hecho, muchas habitaciones permanecen sin usar mientras que muchos jóvenes tienen dificultades para encontrar un lugar donde vivir. "Solo en París, hay 100,000 habitaciones desocupadas en casas de personas mayores de 60 años", subraya Coline Guénel. Para transformar estos espacios libres en oportunidades de encuentro, Colette acompaña la creación de parejas entre mayores y jóvenes, asegurando cada etapa de la convivencia.
Porque detrás del alojamiento, el desafío es ante todo humano. "No quiero poner a cualquiera en casa de mi tío y mi tía, y viceversa, no quiero poner a mi primo y a mi hermano pequeño en casa de cualquiera", resume la cofundadora. La start-up juega así un papel de referente, desde la conexión hasta la mediación en caso de dificultades.
La experiencia dio luego origen al Colette club, un espacio de encuentros y actividades destinado a mayores de 50 años. Una evolución surgida de una necesidad expresada por los propios miembros después de los confinamientos. "Estas personas nos pidieron que las pusiéramos en contacto entre ellas, entre personas del mismo distrito, del mismo barrio, para simplemente hacer encuentros y salir un poco de su rutina".
Para Coline Guénel, envejecer bien se basa en tres pilares: el poder adquisitivo, las relaciones sociales y la utilidad social. La convivencia permite a los mayores recuperar una presencia diaria, pero también el sentimiento de seguir teniendo un papel en la sociedad.
"Por supuesto, yo estoy a favor de lo intergeneracional, creo firmemente en todo esto. Hemos alojado a 2,500 jóvenes en casa de 2,500 mayores, y todos los comentarios van en la misma dirección. Así que, lo que me impulsa a seguir queriendo democratizar esta práctica que es maravillosa a mis ojos", concluye Coline Guénel.











