En Francia metropolitana, se estima que hay al menos 11,000 personas que viven en chabolas, según cifras del gobierno; las asociaciones creen que son más numerosas; en condiciones de gran precariedad, sin acceso a agua corriente para una buena parte, ni a electricidad.
A estas terribles condiciones de vida se suman las discriminaciones debido al origen de estas personas, una parte significativa pertenece a la comunidad Rom, que son ciudadanos de la Unión Europea, rumanos y búlgaros, ante las autoridades públicas y a veces ante otras asociaciones. Son poblaciones que tienen más dificultades que otras para acceder al derecho común, a un acompañamiento social y a la inserción profesional.
Acina se ve como un puente entre estos grupos de población y el derecho común, así como con otras asociaciones, estructuras y empleadores.
En 2023, más de 500 hogares han sido acompañados por la asociación; 116 familias han podido acceder a una vivienda estable o a un alojamiento duradero; más de un centenar de personas han encontrado trabajo.
A este trabajo concreto se suman misiones de sensibilización y formación para agentes públicos y otros actores asociativos, así como acciones de defensa que buscan influir en las representaciones hacia las personas extranjeras y en particular sobre el antiziganismo, un racismo muy potente en Francia.
“Contribuimos a un cambio de mentalidad”, insiste Suzanne de Bellescize. “Y muy a menudo, cuando llevamos a nuestros socios al terreno, la mirada cambia, esos prejuicios caen. Tenemos muchos más prejuicios sobre personas que no conocemos y que nunca hemos encontrado”.











