"Un tercer lugar es un lugar que hibrida varias actividades”, explica Yolaine Proult. “Por lo tanto, no se define tanto por una actividad, sino tampoco por sus actividades, porque es más bien un proceso. Son lugares que emergen en respuesta a las necesidades de un territorio. Y es por eso que tenemos tanta diversidad en el ecosistema”.
Un tercer lugar es lo que se pone en él y evoluciona constantemente, pero siempre surge de un proyecto ciudadano, de personas, de colectivos que se unen para buscar y crear soluciones de movilidad, de alimentación, culturales, de coworking. De hecho, esta es una de las razones por las que encontramos muchos de ellos fuera de las metrópolis, donde hay menos servicios y, por lo tanto, menos acceso a estos.
La expresión "tercer lugar" nace a finales de los años 80 en Estados Unidos, nos explica Yolaine Proult, de un sociólogo, Ray Oldenburg, quien plantea el concepto de tercer lugar, porque no es ni el primer lugar, el hogar, ni el segundo lugar, el trabajo, la oficina. Así que entre los dos, tenemos el tercer lugar, que él califica como un lugar de convivialidad, de sociabilidad, donde nos gusta encontrarnos y hacer cosas juntos. Es a través del encuentro de las diferentes personas que lo frecuentan que nacen deseos y proyectos.
France Tiers-Lieux es un agrupamiento de interés público, sobre una política lanzada para apoyar precisamente el despliegue de estos proyectos y, por lo tanto, de servicios en los territorios donde hay pocos.
“Por lo tanto, el Estado ha decidido alentar y apoyar estos lugares en su desarrollo. Y nosotros, tenemos el papel de co-construir la política pública. Somos un poco ese puente entre las instituciones por un lado, y los actores de terreno por el otro, y también intentamos educar al Estado y a las instituciones sobre lo que son los terceros lugares, sobre lo que producen, sobre la innovación, sobre la experimentación que permiten realizar en los territorios”.
Y luego, France Tiers-Lieux acompaña a los portadores de proyectos a desarrollar su modelo, a través de acciones de animación, encuentros nacionales entre sus actores, comunidades de aprendizaje, recursos que fortalecen estos modelos que a veces aún son frágiles.
En 2018, había 1,800 terceros lugares en Francia. En 2023, eran 3,500 y hoy contamos con cerca de 4,000. “Creaciones que responden a una necesidad muy fuerte de recrear vínculos, espacios donde nos encontramos, nos vemos, hacemos cosas juntos. Y al mismo tiempo, es la respuesta a una nueva flexibilidad, la de poder vivir un poco fuera de los grandes centros urbanos. Y luego vemos que estamos obligados a reinventar nuestros modelos sobre cuestiones sociales muy fuertes. Y estos lugares son realmente espacios que se ocupan de estas cuestiones, de movilidad, de transición ecológica, de alimentación sostenible".
"También son ciudadanos que se dicen, frente a la incapacidad a veces de la política de responder a esto, a nivel local, nos uniremos, llevaremos soluciones muy pragmáticas, pero que a pequeña escala pueden cambiar las cosas”, concluye Yolaine Proult.











