“MyFood parte de una constatación, la de las problemáticas en torno a la nutrición, la alimentación, la agricultura”, explica Matthieu Urban. “Las personas están perdiendo cada vez más confianza en el sistema, buscan retomar el control sobre lo que comen, ya sea desde el punto de vista de la calidad, financiero o medioambiental. Y la manera más definitiva de hacerlo es producir por uno mismo, y esa es la posibilidad que ofrecemos a las familias, a través de una herramienta de producción”.
Porque si bien existe esta tendencia social hacia el regreso al hacer uno mismo, hacia la autonomía del hogar de manera más general, rápidamente nos enfrentamos a problemas cuando intentamos jardinear, como la falta de tiempo, espacio, conocimientos o incluso los caprichos del clima.
La idea es liberarse de estas dificultades a través de un invernadero innovador, que solo requeriría de una a dos horas de trabajo por semana. “Hemos eliminado todo lo que era penoso y que consumía mucho tiempo, utilizando la acuaponía y la bioponía, técnicas de cultivo sin suelo automatizadas y completamente ecológicas”, explica Matthieu Urban. “Tenemos un sistema bajo invernadero con parámetros a supervisar. El invernadero está equipado con sensores que proporcionan información sobre el estado del sistema y permiten a las personas tomar fácilmente el control de la herramienta”.
Un grado de autonomía suficiente para poder irse de fin de semana o de vacaciones durante varias semanas sin que el sistema deje de funcionar. “Pero hay que plantar, cosechar y llenar regularmente el dispensador de comida para los peces”, matiza Matthieu Urban. “No se hace solo tampoco”.
Al final, la solución está diseñada para proporcionar lo que una familia necesita en su cesta diaria, en términos de diversidad de verduras y frutas. “Las frutas y verduras son el área de gastos familiares que más ha sufrido inflación en 10 años, un +70%”, explica Matthieu Urban. “En promedio, una familia destina entre 175 y 200€ al mes, según un estudio de Familles rurales. Nosotros nos ajustaremos a esos gastos para saber qué tipo de invernadero será necesario desplegar para satisfacer esta necesidad de consumo, con el objetivo de ofrecer un retorno de inversión de aproximadamente 5 años”.
“Así que logramos producir localmente, cero desperdicios, fresco todo el año y además el invernadero puede ser circular, es decir, puede producir su propia electricidad con paneles solares y recoger agua de lluvia para hacer funcionar el sistema. No hay desechos porque se utilizan directamente en los recipientes de cultivo en tierra al lado. También evita tener que ir al supermercado a comprar verduras que vienen de los cuatro rincones del planeta, envueltas en plástico. En realidad, evita todas las externalidades medioambientales que conocemos hoy en la alimentación”, concluye Matthieu Urban.











